domingo, 29 de agosto de 2010

Cuentos de intercambios

Cuentos de intercambios.

Con respecto a la preferencia sexual caracterizada por la búsqueda de la variedad sexual que deviene a través de los intercambios de pareja –el swapp, hoy llamado swinger‑ hay una serie de equívocos que conviene aventar.

El primero radica en suponer que el triolismo suele ser una presunta preferencia sexual predominante, exclusivamente porque a las mujeres solas, no se las visualiza como un peligro para la relación de pareja.

El segundo equívoco es buscar una supuesta homosexualidad en el miembro masculino de la pareja y no visualizar la profunda bisexualidad femenina como el motor que dinamiza esa situación.

El tercero estriba en pensar que es el alcohol o la vida disipada quienes conducen a eso, cuando se sabe que quien no bebe moderadamente, tampoco puede disfrutar de la sexualidad.

Ni el triolismo, ni la bisexualidad masculina, ni el alcohol tienen nada que ver con esta práctica, que por otra parte está más extendida de lo que parece a simple vista.

La incomprensión a la que esté sector está expuesto viene de distintas causas: 1) Cada uno se proyecta como lo siente. Así, el hombre que está solo y sin pareja, al desjerarquizársele la imagen que tiene, supone que debe existir por parte del miembro masculino de la pareja, alguna insuficiencia sexual. Si así fuera, no iría a una cosa que lo dejaría expuesto delante de su querida y de otra persona. 2) Se suele pensar que es una pareja en crisis que buscó una excusa para romper la relación y muchísimas cosas por el estilo, producto de las propias proyecciones.

Lo que más cuesta entender, para el común de la gente, es el carácter concreto que tiene esta preferencia. Estamos acostumbrados a concebir las relaciones humanas siempre de a dos y así decimos: Hombre busca mujer, mujer busca hombre, hombre busca hombre, mujer busca mujer, pero nos es difícil concebir que pareja busque pareja, como si pareja, fuera un tercer sexo, ni hombre ni mujer, algo parecido a los androides griegos.

El swinger o la pareja intercambista quieren hacer valer su inclinación como algo propio, sui generis y especial. Según ellos existiría un morbo de pareja, que no tiene nada que ver con la morbosidad personal. Sería una curiosidad; una forma de hacer turismo, ampliar los horizontes y "conocer" formas de vida en la intimidad. Un morbo difícil, con códigos de urbanidad y un conjunto de normas para aceptar o rechazar a otros. Eso es lo que no se entiende. Mientras el morbo tradicional tiene su propia química en cada cabeza personal, aquí existiría una satisfacción que demanda actuar de consuno con otra persona.

Este sentimiento de personalidad de la pareja o espíritu de grupo depende de varios factores diversos, entre ellos:

· El amor propio de aquel miembro que centraliza la relación y lidera al otro.

· La naturaleza del vínculo y la forma en que se llevan entre los dos.

· La confianza que cada uno tiene en el otro.

· La conciencia de lo que hacen y el sentido que le asignan.

Es esto –más que un supuesto morbo sui generis de pareja‑ lo que busca su confirmación en otras parejas y opera como una apertura siempre y cuando no exista un peligro instintivo. Cuando merma el riesgo, con los consiguientes sentimientos de hostilidad, generalmente encubiertos en muchos casos, es cuando la pareja se abre. Es aquí en donde la pareja reacciona con displacer a todos los ataques contra el vínculo, ya sea que venga de los padres, de otros o del medio ambiente. Los ataques no siempre son directos, pueden provenir de la diferencia dada entre la manera de sentir y el mundo exterior.

En este contexto los celos minan la confianza recíproca y dañan el vínculo; suelen ser envidia erótica que viene de la sensación de displacer originada en la convicción de que el otro es más amado. En el fondo son un sentimiento egoísta que deviene de una personalidad herida, que no logra sostener intacto su amor propio, puesto que no se siente reconocido.

Si se lo piensa fríamente todo amor en última instancia es egoísta. "Te quiero, porque tu me quieres" y ese amor es precisamente, el que siempre está dispuesto a transformarse en odio y adoptar la fórmula: "Te odio porque no me quieres". Los celos expresan que hay una personalidad herida.

Si se los mira a los celos dentro del proceso del desarrollo evolutivo, se ve que representan un comportamiento típicamente infantil. Todos los niños son celosos. Sentir celos es un retroceso a los aspectos primitivos del ser humano.

Los celos en realidad son una forma de decir: "Si yo fuera mujer, me enamoraría de ese hombre tan lindo, por lo tanto debo cuidar como hombre que ella no se enamore.", o bien: "Si yo fuera hombre, me iría con esa mujer, debo exigir entonces que me quiera sólo a mí.". Son de hecho una expresión de la bisexualidad latente de los estadios infantiles del desarrollo evolutivo.

Hay instancias en la vida –el climaterio femenino, la edad crítica en el hombre‑ en donde los celos o se acentúan hasta tornar insostenible la relación o las personas entran en mutación espiritual y éstos se transforman en lo contrario. Es aquí en dónde aparece el candaulisme ya analizado, como forma de apaciguar a los celos contenidos durante tanto tiempo, viendo y mirando al otro miembro de la pareja hacer el amor con otra persona.

Esta determinante nueva busca operar bajo la modalidad de un pacto instintivo. Se lo lleva a cabo, pero por delante, no por detrás. Lo negativo de la infidelidad deja de ser la pérdida de la exclusividad sexual, y pasa a ser el hecho de que sea algo que se lo hace por fuera del vínculo recíproco. Es falso, en este sentido, pensar que se logró terminar con la infidelidad: el swinger, en realidad, no concluye con el adulterio, sino que lo ubica en otro plano.

Existiría en el fondo una solución de compromiso en estas parejas: una situación dada entre ellos en donde cada cual le permite vivir al otro su inclinación heterodoxa, como forma de que le sea aceptada también, la propia.

Para entender esto –que es difícil de comprender por el hombre y la mujer media‑ es dable visualizar este ejemplo, que por otra parte es claro y fácil de constatar en la realidad. Existen parejas que un buen día se separan y no se vuelven a ver más por mucho tiempo. Cada cual rehace su vida por su cuenta y vuelven a formar una relación nueva por su propio lado. Un buen día se encuentran y toman algo en un bar. Conversan, charlan, departen, platican y luego concurren los dos a un hotel; viven una relación sexual; luego se despiden y se van con sus respectivas parejas. Todos conocemos gente así, en donde la ruptura del vínculo no tiene el carácter frecuente de no verse más, ni de dejar de tener relaciones sexuales. Se separaron pero siguen siendo "amigos" en un sentido que no obsta la posibilidad de volver a tener un encuentro de carácter erótico. Esta sería la forma de sentir su ligazón mutua en una pareja intercambista, basada en la capacidad de cada uno de los dos de disociar el vínculo sexual centrado en la persona como tal; de la relación sexual por la relación en sí. Al hombre y la mujer media les es difícil entender esto, puesto que si rompen el contacto, van necesariamente, a una ruptura que involucra también, la misma sexualidad.

Existen, al respecto, varias modalidades diferentes de motivación que conducen a un deseo de esta naturaleza. Así tenemos:

· La pareja en donde ella es exhibicionista y le gusta mostrar su belleza corporal. Se viste con ropa ajustada y entabla una relación de flirteo permanente con cuanto hombre se le acerca. Ese hecho a él, le trabaja la cabeza y como no puede evitarlo, quiere resolverlo buscando una solución de carácter swinger. Por lo general, no ocurre aquí intercambio alguno; ella se resiste a ir a eso y este hecho le apareja a él una continúa mortificación.

· La pareja en donde ella lo compara a él permanentemente con su ex novio. Por la más insignificante cuestión, ya lo está relativizando ante el otro. Él tiene dos caminos o dejarla o tratar de demostrarle delante de otra pareja quién es efectivamente. En el caso de tomar por esta segunda opción, el razonamiento interno personal suele ser: "Cuándo me veas quien soy con otra mujer y cuándo comprendas que me importa muy poco tu relación con tu ex novio, haz de valorar lo que realmente soy.".

· La pareja en donde ella es bisexual, no porque su determinación infantil inicial así lo haya generado, sino porque le tienta la relación con otras mujeres. Se siente mejor con ellas que con los hombres, no obstante lo cual se encuentra sola y carece de amigas. A él, por un lado, le viene muy bien que las cosas sean así –prefiere eso a lo contrario‑, pero por el otro lado, esa preferencia de ella, lo cuestiona como hombre y le genera cierta molestia consigo mismo. Al no existir mujeres solas, dado que la mujer cuando frecuenta lugares sale en pareja o con las amigas y como tampoco les sirve ni el servicio doméstico o la prostitución para mujeres bisexuales, buscan parejas –en realidad les importa sólo la mujer‑ para satisfacer esa inclinación.

· La pareja aislada, sin amigos que busca romper esa mortificante soledad de a dos, poniendo el sexo como motivación de encuentro.

· La pareja en donde él pierde la excitación sexual ante ella, la "sal y pimienta" de la relación voluptuosa y cuando están juntos, sencillamente, no es potente sexualmente. Sólo, pura y exclusivamente cuando se la imagina a ella en brazos de otro es en el preciso instante en que recupera la potencia sexual. La usa, por ende, como un señuelo para poder conocer a otras mujeres, evitando así el esfuerzo personal de ser seductor, atractivo, elegante y conquistador. Ni se peina, ni se cepilla los dientes, ni se cambia los calzoncillos, ni se pone talco en los zapatos: es el típico, el que sale a Internet y dice: "Miren que linda es mi mujer." y pone su foto mostrando el trasero. Él muestra en cambio, exclusivamente, sus genitales, como si eso fuera lo que otros están necesitando; eso sí, reclama que los demás pongan fotos en las que se vea la cara. Se ve que cree y supone que por el simple hecho de ser pareja, las cosas ya están y los vínculos se darán por inercia. Se llega incluso a cosas que son graciosas por la manera infantil de proyectarse constantemente en ella y usarla como una pantalla para ligar. Es muy típico que en una entrevista de hombre a hombre digan: "A mi mujer no le gustas, no sos su tipo.". Novedosa, ésta, la manera de proyectarse introyectivamente.

· La pareja en donde él es bisexual y quiere clarificar esa situación; busca a través del intercambio que se destrabe la realidad interna y que ella, finalmente, le acepte su inclinación; que no sienta sus aventuras con otros hombres, como una traición a un vínculo que no está cuestionado en particular por nada específico.

· La pareja en donde los dos son bisexuales y encuentran en los intercambios la manera de vivir cualquier combinación que la otra pareja acepte.

· La pareja en donde ella es poliándrica y como forma de resolver la perpetua infidelidad aspiran, por esta vía, a una solución de compromiso. Generalmente se terminan retirando del ambiente y acaban viviendo en trío. No son tan pocas como a primera vista parece, pero el hecho cierto es que no suelen participar con la frecuencia de las otras. Son las más buscadas por los hombres solos y la verdad, es que prácticamente configuran una rareza. Una estadística que circuló por Internet en su momento afirmaba que de cada 100 parejas, una busca un tercero masculino.

· A esto hay que agregarle el otro gran grupo inenarrable de parejas que hacen de los intercambios un motivo para entrar en lo que bien se podría llamar como prostitución disfrazada. "Por dinero no, por favores sí.", parecen estar diciendo y abrevan en esta práctica sexual a modo de "iniciación". A la larga, es a esto a lo que se termina aproximando el intercambista. Como decía Venturini, en Prácticas de Sexo en Grupo: "No porque él quiera –él no desea que eso le ocurra‑ sino porque sus determinantes hacia allí lo conducen."

***

Las características del cuento intercambista son:

· Es autobiográfico.

· Es algo que sucedió por un acontecimiento inusitado de vida –un viaje, un encuentro, una visita inesperada‑ y no porque sea una práctica inveterada.

· Es una señal que vino a operar un cambio en la pareja, determinando un antes y un después.

Esta característica –obviar la comunidad swinger‑ es fundamental, por varias causas:

· Por la edad elevada de sus miembros que los alejan de las parejas más jóvenes.

· Porque son más los que se retiran del ambiente, que los que entran.

· Porque es una práctica que si no divide a la pareja, esto es, si la primera vez no fue la última, suele durar aproximadamente seis meses y luego abandonan, o porque piensan tener hijos o porque no dan con sus iguales.

· Porque son más numerosas las parejas que lo viven fuera de todo sentimiento comunitario de pertenencia y adscripción a un sector específico, que las que lo viven con sentido corporativo. Los dueños de una tienda, una automotora, un emprendimiento comercial pequeño o mediano, cuando van a relaciones de esa índole no tienen el más mínimo interés en arribar a amistades que no sean las exclusivamente comerciales entre los deudores y los acreedores. El intercambio, en última instancia, sigue los mismos criterios de las pautas que rigen el cambio. Lawrence Lipton, en los años '60, en aquel libro que hizo época La Revolución Sexual, nos muestra realmente como surgió y tomó la forma que hoy tiene en la sociedad actual: es un motivo más para comerciar, cambiar, comprar, vender y permutar.

Una de las razones por la cual existen pocos cuentos eróticos para esta preferencia, radica en el hecho de que el relato sexual le gusta a quien tiene un cierto grado de represión sexual. El cuento erótico es como el chiste; hace reír por lo que reprime; por lo que tiene de elaboración secundaria del material reprimido. Cuando el individuo ya no se censura, ese chiste –o ese tipo de bromas‑ dejan de causarle gracia. Fenómeno similar acontece con el cuento erótico; mueve el interés de quienes no se atreven a llegar a tanto.

No obstante, existen cuentos eróticos que tratan de hacer entender el sentido que ésta modalidad sexual tiene para quienes la practican.

Lo que el cuento busca es ser fiel a la realidad original, tal como ocurren las cosas en el trato humano de la vida cotidiana con las demás parejas y estimular esa posibilidad. Así leemos en Intercambio, escrito por Anónimo en http://www.todorelatos.com/relato/52664/, como después de mucho tiempo de buscarlo pudieron hacer un intercambio con los amigos: "Somos dos matrimonios entre 45 y 49 años que nos conocemos desde hace unos 20 años; tenemos una buena amistad; salimos a pasear, a cenar; de viaje y demás. Creo que siempre ha existido un morbo por vernos desnudos, pero que nunca lo hemos hablado ni llevado a la práctica. Tengo que reconocer que Olga está muy interesante, tanto vestida como en bikini y mi mujer Clara está muy buena también. Con mi esposa siempre hemos hablado de este tema. Ella me preguntaba que si me gustaría ver las tetas de Clara, a lo que le conteste que si y que también me gustaría verla desnuda; me respondió acerca de por qué un día no nos lanzábamos a esta aventura. Me dijo que me confesaba que le gustaría realizar un intercambio con alguien conocido y qué mejor que ellos. Me quedé sorprendido y le pregunté si hacía tiempo que lo pensaba; me respondió que sí pero que no sabía como proponérmelo. Tanto a Olga, como Jorge, les gusta el cachondeito del sexo; cosa que lo hablamos en nuestra reuniones; aunque sin llegar a nada.

Hubo un puente de tres días y nos fuimos los cuatro a pasarlo a nuestra casa que tenemos en la costa. Los días fueron muy buenos y con una temperatura idónea para tomar el sol y bañarse.

Una vez instalados, nos fuimos preparando para ir a la playa; al llegar allí, Clara le dijo a Olga que se quitara la parte de arriba del bikini, dado que no le importaba que Jorge le viese las tetas. Luego, las dos nos enseñaron las tetas y me quedé contentísimo de ver esos cuatro pechos; además mi mujer llevaba una tanguita que dejaba al descubierto las cachas del culo; cosa que la convertía en más picante y fue entonces, que pude notar como Jorge tenía la polla tiesa No sabía si la excitación le venía por su mujer o por la mía. Así pasamos la jornada y a la vuelta a casa nos fuimos duchando cada uno cuando le tocaba; mientras se bañaba Jorge, estábamos los tres hablando y Olga dijo, que ahora éramos nosotros quienes le teníamos que enseñar algo; nos reímos pero sin confirmar nada. Una vez solos con Clara, me dijo que era el momento de poder intentar hacer el intercambio, puesto que estaba deseando follar con Jorge y que teníamos que hacer algo; le dije que después de cenar propondría tomar un cubata y jugar al strip poker.

Después de cenar decidimos no salir para descansar un poco. Propuse tomar un cubata y hacer un juego; cuando vine con los 4 vasos cargaditos de ron, se habló de juegos y entre bromas y risas propuse dos, uno era el strip poker total y otro la pirámide del amor. Jorge que, después de ver las tetas a mi mujer, quería verle el chochete, dijo que para él, el strip poker y para Olga la pirámide; entonces dije si estábamos de acuerdo en realizar el juego con todas las consecuencias. Clara, que sabía cómo es en verdad el juego inocentemente preguntó, qué consecuencias tenía; le dije que si Jorge le tenía que sobar las tetas que no podía impedirlo y que si tenia que besar a Jorge tampoco; todos respondieron que sí mirándose unos a otros.

Empezó el juego y me tocó quitarle a Olga la camiseta acariciando sus senos; mi polla se puso dura al instante. Olga miró a su marido y éste le dijo que el juego era el juego; luego fue Clara quien tenía que morrear a Jorge; los dos se pusieron a comerse la boca como posesos hambrientos de sexo; cada vez nos quedaba menos ropa. Clara solo le quedaba la braguita; Olga la tanga; Jorge el boxery y a mí, los pantalones. La siguiente jugada seguro que sería algo increíble y así fue; tenía que quitarle la tanga a Olga y chuparle el chochete; lo hice encantado, pero no pudimos esperar más; Clara se levantó y dijo que por qué no nos despelotábamos todos y hacíamos un intercambio. Olga le contestó que de acuerdo y le dijo 'Olga quiero que tu marido me penetre por delante y por detrás, pero deseo que estés delante para verlo y me gustaría que me ayudes a poner su polla en mi boca, porque hace mucho tiempo que soñaba con este momento. Tu marido siempre ha estado en mi imaginación cuando he follado con Jorge'.

La noche en la habitación fue increíble; no me imaginaba el goce que produce ver a tu mujer comerle la polla a un amigo y ver como él se la introduce. Estar los cuatro en la misma cama y observar de cerca el coño afeitado de tu amiga, preparado para comértelo, es lo mejor que nos ha pasado a los cuatro. Nos hemos felicitado del intercambio y de momento, he vuelto a follar a Clara con el consentimiento de mi mujer.

Ahora, nuestra experiencia nos pide buscar a Carlos, Ángela, Gustavo y Paqui para realizar una orgía."

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